Francisca Treufu, cofundadora de una cooperativa y su legado campesino en Purranque


La agricultora y miembro de la Cooperativa Campesina Coligual, en la comuna de Purranque, es una de las beneficiarias del nuevo proyecto apoyado por la Comisión Nacional de Riego (CNR), que busca cosechar aguas lluvia con la finalidad de mejorar la gestión hídrica de los cultivos. Los 50 mil litros, afirma, “son lo que se necesita para regar de diciembre a febrero”.

Por: Carolina Fernández

Francisca Ester Treufu Bañares fundó en 2001, junto a su hermana Rachel, la Cooperativa Campesina Coligual, una agrupación cuyas familias agricultoras provienen en su mayoría de comunidades mapuche de la comuna de Purranque, en la región de Los Lagos. Fue presidenta y estuvo a cargo de la dirección del proyecto, pero hoy se desempeña como socia. “Somos más de 200 familias, cada una con su espacio delimitado, pero avanzando y potenciándonos de manera grupal. La mayoría trabaja en forma chacarera la tierra”, explica.

Legado campesino

Hace 50 años que llegó al campo donde vive actualmente, en el sector de Coligual, porque su padre compró esas tierras. Él también se dedicaba a la agricultura.

Desde 1990, cuenta Francisca, que trabaja en la agricultura. Partieron con la producción de leche, bajo una sociedad de pequeños y medianos agricultores que ordeñaban, y la daban a un centro de acopio. También trabaja en el cultivo de sus chacras y huertas, las que mantiene desde entonces. Cosecha y vende arvejas por saco y papas, además del consumo personal. Su hermana, Rachel, es feriante y vende las verduras que cosecha.  

“Como campesinos, la agricultura es nuestra vida. Hemos educado a nuestros hijos con la gracia del campo, es el sueldo que tenemos todos los meses. Nosotros con las ventas de todo lo que producimos en el campo hemos educado a nuestros hijos y hemos podido vivir también. Uno no tiene una profesión para decir ‘voy a trabajar en el pueblo, voy a tener un sueldo’. Necesitas el campo”, dice con orgullo.

Desde que tiene memoria ha ayudado a guiar los bueyes. “Tenía cinco o seis años. Parece que yo dormía delante de la puerta del potrero, con la garrocha bajo el brazo, que sirve para guiarlos”, recuerda.

Y así es en el campo, dice. “Uno mete a sus niños desde que son chicos. Si ya caminan, pueden ir a cerrar un portón: los mandas a cerrar el portón. Cuando yo salía a hacer un trámite y regresaba tarde, mi hijo y mis hijas tenían que acarrear los bueyes”.

Problemas con la sequía

Francisca cuenta que dejó de producir leche porque era “imposible de mantener, porque Colliguay es un sector alto donde no hay río; por ende, no hay agua de enero a mayo”. Esto afectó en la disponibilidad de forraje para alimentar su ganado y en la misma agua que beben los animales.

“Nos ha afectado mucho la sequía. La municipalidad ha tenido que pasar dos meses a dejarnos agua, cosa que antes no había ocurrido. No tenía ni para beber”, señala preocupada. 

Sobre el beneficio que otorgó la CNR a su comunidad, Francisca destaca: “Nosotros el 2019 postulamos a los invernaderos con cosecha de agua, como éramos una agrupación, participaron varias personas. Este año se iniciaron varios proyectos, por lo que ha ayudado a que la gente tenga su propia fuente de agua para los cultivos”.

Y evalúa que “va a beneficiar mucho porque aquí llueve harto y se cosechan por lo menos unos 50 ml que son lo que se necesita para regar de diciembre a febrero, porque antes están disponibles los pozos. Es una reserva de agua que se guarda para el tiempo de sequía”.

Además de este beneficio, la agricultora ha tecnificado su riego con automatización y estanques móviles.

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