Historias de Riego

Viviana Herrera, pequeña agricultora de El Valentín: “Este proyecto no solo ha mejorado mi productividad, sino que también me devolvió la confianza”

Por: Karina Silva

A 30 kilómetros de La Serena, camino al Valle de Elqui, en el sector rural de la denominada “ciudad de los campanarios”, se encuentra la localidad de El Valentín, lugar ubicado en medio de los cerros, caracterizado por la aridez del terreno y el fuerte viento. A lo lejos se percibe un pequeño poblado, habitado principalmente por adultos mayores, quienes dedicaron su vida a la producción caprina y a la agricultura.

Una de sus habitantes es la pequeña agricultora Viviana Herrena quien, junto a su esposo e hijas, ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo al campo, en una primera instancia, como criancera, y desde hace algunos años, cultivando la tierra. Esta labor no ha sido fácil, especialmente cuando escasean los recursos económicos, y, lo más importante, el agua.

“Han sido años muy secos, con muy poquita agua que hace bien complicado hacer producir esta tierra, especialmente cuando no se tienen todos los implementos”, narra Viviana, mientras recorre su predio acompañada de su pequeño nieto, al que cuida mientras su hija trabaja.

Justamente, para mejorar las condiciones de vida y optimizar el uso del agua, Viviana participó en un concurso de la Comisión Nacional de Riego (CNR) y su proyecto resultó bonificado con cerca de $9 millones mediante el Programa de Pequeña Agricultura, iniciativa con la que instaló un sistema de riego por cinta y generación de energía fotovoltaica que asegura el riego de 0,63 hectáreas de tomates, inversión importante, ya que este cultivo permite aumentar los ingresos de esta numerosa familia.

“Para nosotros fue muy importante esta ayuda porque se están viendo los frutos de este proyecto muy esperado y que ha sido un enorme apoyo para toda la familia. Acá todos trabajamos y estamos en esto para sacar una buena cosecha, que es producto de los sacrificios que hemos realizado desde hace un montón de años, en el que han participado mis hijos y ahora, mis nietos. Este proyecto no solo ha mejorado mi productividad, sino que también me ha devuelto la confianza”, comentó Viviana, al mismo tiempo en que sacude sus plantas.

Si bien sus principales compradores se encuentran en La Serena, no descarta algún día ampliar su mercado, si la capacitación y los apoyos económicos lo permiten. “Este es un buen proyecto, porque nos permite ahorrar tiempo y así podemos contar con más momentos de descanso y para compartir con toda la familia. En esto ha sido muy importante el apoyo del Padis[1] y del Prodesal[2] que nos ayudó desde el comienzo, especialmente con sus equipos técnicos. Estamos felices y agradecemos a todos los que nos han motivado y apoyado”.

Para un futuro próximo, Viviana desea continuar participando en los concursos del Programa de Pequeña Agricultura, y así, mejorar y hacer un uso más eficiente de la escasa agua que le permite mantener vivos no solo a sus cultivos, sino que también mantiene sus esperanzas y fuerzas para seguir con su emprendimiento que la llena de orgullo y la motiva día a día.

 

[1] Programa Agropecuario para el Desarrollo Integral de los Pequeños Campesinos del Secano de la Región de Coquimbo

[2] Programa de Desarrollo Local

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